Yo digo Pedro P. San Martín

Tengamos fe en los imberbes

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El equipo de España es para jugar por abajo, por ‘el pasto’ que diría un argentino. Y no es mala apuesta a la vista del predominio físico de las selecciones mundialistas. Alemania, Inglaterra, Chequia, Suecia, Holanda, Australia y alguna más se decantan por dinamitar el juego, revolucionarlo y volver loco al balón con idas y venidas hasta la extenuación de los jugadores. España pondrá el contrapunto del toque y la elaboración, como más o menos intentó hacerlo Argentina, también Ecuador a su manera e incluso México, por mencionar ejemplos que merecen imitarse. Luis Aragonés fundamenta su estilo en tres máximas: agresividad en defensa; dominio en la creación y velocidad en ataque. Una combinación ideal, de libro diríamos, en la que no hay sitio para Raúl, Albelda, Reyes y Joaquín, si señalamos a los principales damnificados del primer once.

Nada que objetar a Luis. Ahora bien, hemos de volcar una confianza ciega sobre jugadores imberbes en el fútbol de nivel mundial. Digamos que Pablo, Pernía, Senna, Torres y Villa van a encontrarse con el papelón más comprometido de su vida profesional. Pero no andan lejos Xabi Alonso, Luis García y hasta Ramos. Salvemos a Xavi, que cató lo que es un Mundial en Corea-Japón. Quiero decir que observando a otras selecciones, los técnicos apoyan sus equipos en al menos uno o dos jugadores de ‘peso’. En líderes, para que nos entendamos. No reclamo con este mensaje la titularidad de Raúl. No es eso. Lo que se significa en el once de Luis es un plan técnicamente perfecto, con principios de funcionamiento razonables, pero con un riesgo intrínseco tremendo por la apuesta decidida de sentar en el banquillo a la vieja guardia.

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