Yo digo Pedro P. San Martín

Juguemos con el vigor de los grandes

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He tenido ocasión de ver estos días numerosos partidos amistosos de selecciones mundialistas. Unas me dieron envidia por su forma de atacar, otras por la seguridad al defender y también las hay que dan lástima, como la Italia dispersa e impersonal de Lippi. Con todo, el valor más deslumbrante de los equipos poderosos y aspirantes a campeón es exactamente el que brilla por su ausencia en nuestro equipo: el vigor, el ritmo y la cadencia indomable de juego. Es algo difícil de evaluar en una estadística y se refiere a la permanente ambición por tener el balón, por llevarlo muy rápido arriba, con capacidad de sorpresa y buscar el gol con aplastante insistencia. Lo hizo Alemania el día que iba perdiendo con Japón y, sin jugar bonito, remontó un 0-2.

No confundamos este óptimo ritmo ganador con la furia. La furia es más desorganizada. Lo que necesita España, sea cual sea el esquema, es levantar la cabeza, mover la pelota a un lado, a otro, tocar rápido, llevar el balón al área rival desgastando al portero y dejando una sensación indiscutible de autoridad. Esto conlleva dos efectos. De una parte España tendrá por fin un perfil ganador que, sinceramente, nos falta. Y por otra parte, la Selección conseguirá engancharnos, hacernos vibrar, entusiasmarnos y soñar a lo grande. Veremos si se nos contagia algo de los grandes y no de los pequeños. Seamos amplios de miras, valientes y vayamos a por los partidos sin contemplaciones. Basta de medianías. Hoy, última prueba. Última pista.

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