Vicente y el voto por correo

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El 6 de octubre de 2002, con la Novena de Glasgow fresca en nuestros corazones, Florentino se dirigió a los socios compromisarios con un juicio certero: "Vicente del Bosque es un hombre tranquilo, sencillo y competente. Su condición de madridista de toda la vida le sirve de orientación para hacer y decir lo que más le conviene a nuestro club en cada momento. Del Bosque es uno de los nuestros". Casi nueve meses más tarde, fue decapitado. Atrás quedaban 2 Champions, 2 Ligas, 1 Intercontinental, 1 Supercopa de Europa y 1 Supercopa de España. A la calle, Vicente...
Después, el salmantino equivocó el camino. Lógico que estuviese herido, pero nunca debió ofuscarse hasta convertir cada aparición pública en un ajuste de cuentas con sus verdugos. No se hizo un favor ni a él ni al Madrid. Pero el tiempo le ha dado la razón. Sin él, el Madrid lleva tres años vagando por el desierto, han pasado cuatro entrenadores y tres presidentes. Él era un dique moral. Por eso, si pide el voto presencial, conviene escucharle. El madridismo merece un presidente limpio. Sin chanchullos ni trampas.



