Con Oli, honradez garantizada
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La presencia de Oli en el banquillo del Cádiz para la difícil temporada que espera a los amarillos significa, de momento, el sí de una afición que ve con buenos ojos lo que, una vez más, los dirigentes del conjunto gaditano han estudiado con minuciosidad. En contra, aquellos que fieles a los anteriores técnicos (aún no se han percatado que la pasada temporada realizamos la peor segunda vuelta de la historia) ya enfilaban sus armas hacia un presidente que, listo como él solo, aprobando al asturiano como técnico, desvía cualquier represalia al situar al frente de la nave un hombre querido, adorado por el cadismo y con la ilusión de una nueva experiencia. Entiendo que con Oli en el banquillo la honradez está garantizada, conoce como nadie a quienes serán sus pupilos y además, esto lo añado de mi cosecha, les aseguro que no formará ningún espectáculo ante la 'salvajada' que debe ser el que en una concentración a un par de futbolistas le pongan dos yogures cumplidos 24 horas.
A Oli, cuya cicatriz en el rostro la llevará de por vida consecuencia de la bravura con la que defendió como futbolista los colores del Cádiz, le espera una ardua tarea. Se me viene a la mente las presiones que recibía Carlos Alberto Silva cuando se le pedía hacer campeona a Brasil de los Juegos Olímpicos de Seúl, Juegos que significaron el lanzamiento al estrellato de Romario. Oli quiere ascender al Cádiz y ojalá esta oportunidad le sirva de lanzamiento como técnico. Como diría Cariño, ¡país!



