Y el muerto no estaba muerto

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Y el muerto iba de blanco, que no es color para un entierro. Y el muerto, ya dentro del féretro, golpeó en la tapa -toc, toc- como diciendo "eh, que aún me queda vida por delante". Ese enfermo al que daban por desahuciado es el Real Madrid, que ha alargado su serie con el Barcelona cuando nadie daba un duro por él. Ni siquiera en Concha Espina, estoy seguro. Faltaban Rakocevic, Hamilton, Tomas y Hervelle, pero ayer sobraba equipo. Si no, no se entiende la extraordinaria aportación de secundarios como Videnov o Sinanovic, inconmensurables en el Palau. Lo de este último merece un capítulo aparte. Bueno, la historia de un chaval que hace apenas cuatro años jugaba con sus amigos al fútbol siempre merece un capítulo aparte. Durante la temporada Maljkovic lo regó a escondidas, le abrió el apetito para que, cuando llegara la hora, se comiera los partidos a bocaos. ¡Y qué mejor partido al que hincarle al diente que un Madrid-Barça!
Sólo Mitjana estuvo a punto de empañar la gran actuación del bosnio, pitándole la técnica del júnior en un espectacular tapón a Fucka. Pero él siguió trabajando, porque eso es lo que ha hecho desde que aterrizó en Madrid. Quizá el 2-1 sólo sea engordar para morir, pero ayer no podía exigirse más a un equipo golpeado por las paperas y las lesiones. Si no hay final, lloverán las críticas. Pero Boza y compañía saben de sobra que trabajan para el único club del mundo al que se le exige haber ganado incluso en el futuro. Si no, todo es pasado, todo es blanco y negro. Incluso la Liga que ahora se defiende.



