Resaca de una fiesta mágica

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Pamplona se despertó ayer con sueño, mucho sueño, pero en los rostros de todos y cada uno de sus habitantes se reflejaba felicidad. Poco importaba haberle robado unas horas al sueño, su Osasuna había logrado la noche anterior clasificarse por primera vez en su historia para la Champions. La noche fue larga y cargada de emociones. El 16 de mayo se vivió en la capital navarra un adelanto de los Sanfermines, con la única diferencia de que sólo estábamos los de casa. La ciudad celebró por todo lo alto la hazaña lograda y nadie quiso perderse a los protagonistas cantando y bailando en el quiosco de la Plaza del Castillo, lugar de las grandes citas en la capital navarra. Allí, uno por uno, los jugadores se dirigieron a los miles de personas congregadas y no faltaron los recuerdos para los que no pudieron celebrarlo con ellos, como Aloisi. La fiesta se prolongó hasta altas horas de la madrugada, pero poco importaba la hora en la que fuera a sonar el despertador por la mañana.
Nadie sabe cuántos años pasarán para volver a festejar algo así. Ayer siguió la fiesta. Tocaba comida, gentileza del Gobierno de Navarra y los jugadores seguían con la alegría y el ambiente de fiesta metido en el cuerpo. Ni siquiera se apreciaban en sus rostros los excesos de la noche anterior. Hoy tienen su último entrenamiento en Tajonar, que servirá sobre todo para despedirse del míster, Javier Aguirre, darle las gracias y desearle buena suerte en su próximo destino.



