En el día que se despide López Caro
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Hora de la despedida para López Caro. Último partido de un entrenador que cayó como un paracaidista entre trincheras con fuego cruzado. Luxemburgo le dejó una difícil herencia, Florentino le subió a un tren que después abandonó y la plantilla olía a podrido con las miniguerras pandilleras. Muy mal panorama que el técnico asumió desde el principio con la seria desventaja de no sentirse fuerte. Pero tiró para adelante apoyado en su fe y en las ganas de servir a un club que al final le ha ido ninguneando. Han sido cinco meses de amarga mili, en los que casi nunca salió bien parado, sobre todo en los envites a 'grande'. Se equivocó en Londres, ante el Arsenal; se confió en Zaragoza, en la Copa y murió contra el Barcelona, en el Bernabéu.
López Caro ha trabajado duro, en esto nadie debe hacerle reproches. Se ha roto la cabeza buscando fórmulas de juego en una plantilla que le miraba de reojo por sus primeros brotes de enérgica disciplina. Sin embargo, sus victorias particulares se cuentan con los dedos de una mano. Por efecto del simple desgaste y por la evidencia de su inexperiencia, López Caro cayó a los pies de los poderes fácticos del club en las alineaciones y en los despachos. Pero tiene también sus méritos. Ha conseguido aislar al equipo de la peligrosa tormenta presidencial, salvando la cara en el trance final de la Liga, con opción a firmar un segundo puesto. El mister sólo gana la 'chica' en esta difícil apuesta que aceptó el 4 de diciembre y que hoy abandona discretamente.



