Lopera, ante los hombres más buenos
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Dos béticos, uno de ellos ex jugador de la primera plantilla y quizá de la mejor plantilla, hablan en voz bajita y a conciencia: como hablan los béticos. Y como hablan algunos hombres buenos. Ellos, a su aire, ya preparan el camino del Rocío: en lo más hondo de la Andalucía más profunda, han visto muchas cosas, han pasao mucho. Alguno tiene aún la mano encallada del campo, donde años y años trabajó a jornal. Entre olor a romero, hablan de ciertos Campeonatos de Europa que se exhiben en la Plaza Nueva y, con la voz bajita, es verde, blanca y verde, se comentan para ellos: "Nosotros siempre hemos ido subiendo a poquito a poco, como se iba subiendo: a base de horas extra y cambiando las bicicletas, primero por amotillos, después por los Seat 600 o los R-5, y después... ¿Quién iba a pensar en que cualquiera podía ir en BMW o en Mercedes? Nosotros no queremos espectáculos: y nunca los hemos dado, pero a ver qué hace este hombre". Y hay silencio, mucho silencio.
Ese hombre es, evidentemente, Manuel Ruiz de Lopera. El presidente del Real Betis Balompié tiene que explicarse ante estos hombres buenos, que siempre le han tenido en un pedestal, por la sencilla razón de que le han considerado el mejor bético entre los béticos. Y claro que Lopera es bético: mucho, muchísimo. Pero el presidente del Real Betis Balompié tiene que decir y hacer algunas cosas junto a esos hombres buenos. Si es quiere que le sigan contando entre ellos: cada vez quedan menos, presidente.




