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Lo sabía, lo sabía, lo sabía...

Lo sabía, lo sabía, lo sabía...

No olvidaré la brasa que me dio mi colega José Manuel, el gordo, tras la inolvidable conquista de la Séptima: "Tío, el gol de Mijatovic fue en fuera de juego. ¡Qué cara tenéis!". No era el único. Antimadridistas vocacionales como Manolete y personajes mucho más serios me han intentado convencer estos años de la necesidad de asumir que el gol que cambió nuestras vidas (al menos, la mía) era producto de un hipotético orsay. Yo estaba en las tribunas del Amsterdam Arena y supe desde el primer momento que la posición del gran Pedja era legal. Lo detecté por un detalle que me parece definitivo. Ni un jugador de la Juventus protestó al alemán Krug. Inaudito si hablamos del carácter italiano, propenso a la bronca y a discutirlo todo.

Pedja corrió como una liebre consciente de que había metido el gol más decisivo de su carrera. Mientras, Pessotto giraba su cuello a la derecha buscando en vano un banderín levantado. No gritó. No se quejó. Se resignó. Sabía que él había habilitado a Mijatovic y no le quedaba otra que tragar saliva. El triunfo del equipo de Heynckes fue limpio como una patena, pero los amigos de discutirle todo al Madrid se aferraron a la jugadita para sembrar la duda y restar mérito a esa Séptima que inauguró la era en color y la llegada posterior de la Octava y la Novena. Por eso le pregunté ayer a Mijatovic sobre el caso y su respuesta zanjó el debate para siempre. Panucci le dijo la verdad. "No fue fuera de juego". Fue un eurogol que emocionó a casi toda España. Inolvidable.