Puede ser un domingo inolvidable
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La Fórmula 1 vuelve a España. Y lo hace con una perspectiva bien diferente a todo lo visto antes de la eclosión del fenómeno Alonso. Diría que con más expectación que nunca, incluso que el año pasado, cuando el asturiano ya llegó a Montmeló como líder del Mundial. Es normal. Ahora ya sabemos que Fernando está instalado en la élite del automovilismo, que su presencia entre los más grandes no es pasajera o circunstancial, que ha llegado hasta lo más alto para quedarse. Así que podemos ir al 'Circuit' o seguirle por la tele con todas las garantías de que no va a decepcionarnos. Ganará (ojalá) o no, pero el espectáculo está asegurado gracias a su talento, a su descomunal ambición y, muy importante, al deseo de sus rivales de destronarle a toda costa.
El campeón tiene mucha ilusión por vencer en casa. El triunfo ante su afición es especialmente grato para cualquier deportista, pero más aún cuando es un premio inédito, como en el caso del número uno de Renault. Fernando es un hombre de desafíos y entre los que le quedan por conquistar se encuentra éste: subir a lo más alto del podio en el gran premio de su país. Sería el colofón a la gran fiesta del automovilismo en el circuito barcelonés. Seguro que nuestro héroe se empleará a fondo (como hace siempre) para saldar esta deuda pendiente, aunque sea a costa del mismísimo Michael Schumacher (seis veces ganador aquí) y su mítico coche rojo. Si lo consigue, ante 130.000 personas que también lo sueñan (o casi todas), será un domingo para no olvidar...




