Yo digo Guillem Balagué

Por qué Big Mac era el reserva

Guillem Balagué
Redacción de AS
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La federación inglesa no lo puede decir en voz alta, pero hay una buena razón por la cual Steve McClaren no era la primera elección para llevar la selección después del Mundial. Le falta experiencia, capacidad para motivar a los suyos (le llaman El Soso), variedad táctica, incluso, dicen algunos, ese talento tan poco común: el ojo futbolístico para identificar errores, para buscar soluciones. Las que se le ocurrió ayer se parecían mucho a las de partidos anteriores, especialmente las dos remontada ante el Basilea y el Steaua: sacar todos los puntos que ve en el banquillo, poner cuatro delanteros centros juntos, y balonazo arriba. Como si no hubiera existido nunca el Arsenal o el Manchester, que enseñaron otras cosas a la Premiership. Y, claro, no fue suficiente.

Lo que se vio anoche en Eindhoven es la diferencia real entre el fútbol español y el inglés. Ambos equipos, pese a lo que indica la clasificación final del Boro (decimocuarto a 46 puntos del Chelsea) pertenecen a la clase media de sus ligas y ambos representan lo mejor y lo peor de sus competiciones. El Boro, directo, incapaz de dar dos pases seguidos, perdiendo la paciencia con los cambios de ritmo del Sevilla, con sus pausas. El Sevilla, veloz, técnico, bonito, pero cuando empezó a gustarse perdió un punto de competitividad que otro equipo podría haber aprovechado. Nos hizo sufrir el Sevilla un ratito de la segunda parte, pero eso fue antes y después de hacernos sentir orgullosos por defender las características del fútbol más nuestro.

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