Alonso se queda sin privacidad
Noticias relacionadas
Es probable que en los próximos días vean en la tele, si no lo han hecho ya, unas imágenes de Fernando Alonso acosado por unos individuos (llamarles periodistas me parece un insulto para el resto de la profesión) que persiguen al piloto durante una de sus breves estancias en Asturias. Fernando aparece molesto, incluso desafiante... pero seguro que menos de lo que le pedía el cuerpo. El campeón desenmascara a sus agresores (es lo que creo que son estos personajes que bombardean la privacidad de alguien que debe ser tan anónimo como usted o como yo en esas circunstancias) con argumentos contundentes: no les vio en sus últimos entrenamientos y también duda de que sepan cuántas ruedas tiene un coche de F-1. Es decir, carecen del más mínimo interés por su faceta pública.
Me parece gravísimo que se pueda atentar contra la intimidad de una persona de forma tan vil e impune. Que la ley no proteja un derecho tan básico, no porque te llames Fernando Alonso sino porque eres ciudadano de un país civilizado. Lo peor del caso es que no acabará aquí la cosa, falta la segunda parte de tan deporable negocio: descarados ignorantes juzgando ante audiencias millonarias lo antipático que es este chico, lo poco accesible, lo altivo de su actitud. Y al acusado sólo le queda resignarse, vivir como un delincuente que se esconde en la oscuridad de la noche, como un exiliado que tiene que abandonar su propio hogar para no sentirse una fiera acorralada. A mí que alguien me explique que esto es normal...




