Él prefiere el cuchillo a la pistola
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Cuando negocio prefiero el cuchillo, la pistola hace demasiado ruido". La frase es de Luciano Moggi, director deportivo de la Juventus. Nos llegan noticias de un nuevo episodio siniestro de Moggi con los árbitros. Nada nuevo. Moggi ya fue condenado a cuatro meses y a una multa de tres millones de liras en su etapa en el Torino (1991-93); el juez consideró que las traductoras que ponía al servicio de los colegiados eran solícitas en extremo. Pero las andanzas de este ex empleado ferroviario vienen de antiguo. En 1979 saltó el escándalo tras un Ascoli-Roma en el que los árbitros abrasaron al Ascoli. La noche anterior, el asesor del presidente del Roma (Moggi) había cenado con el trío arbitral. Durante la UEFA de 1989-90, los rivales del Nápoles temían jugar en San Paolo; los colegiados allí no eran caseros, sino incluso hogareños. Moggi, entonces, trabajaba para el Nápoles.
Ahora ha sido Raffaelle Guariniello el que ha destapado el asunto. Lo ha hecho amparado en su doble condición de fiscal antidroga y antimafia de Turín. Perdió el juicio en el que llevó a los tribunales a la Juve por abusar de los fármacos, y ahora quiere tirar por la otra vía. Guariniello, el azote de la Juve. Moggi, mientras tanto, sigue ahí, con Fabio Capello y Giraudo, tratando de sacar adelante un campeonato que se le ha complicado. Una situación límite. Un momento de ésos en los que Luciano Moggi esquiva a su más temible rival, la dietrología: la ciencia que estudia las causas ocultas de los acontecimientos.




