Niños, Peter Pan habla francés

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Llevo dos días con la lágrima fácil. Me emocioné con ese Villarreal heroico que logró que toda España se subiese orgullosa a ese submarino amarillo ejemplarmente patroneado por Fernando Roig, y ayer me dejó sin consuelo el adiós del Maestro, el último cisne del fútbol. Zidane se nos va. No hay marcha atrás. Quizás por eso el destino ha querido que su última lección en el Bernabéu la ofrezca ante Riquelme, Franco, Sorín y compañía. El próximo 7 de mayo el mundo debería pararse, ponerse en pie y decirle a este marsellés humilde y tímido que durante todos estos años nos ha regalado un tesoro irremplazable: la elegancia. El aplauso sincero que ayer le dieron mis colegas fue un acto de justicia hacia su legado. Zinedine tuvo un gesto que no paso por alto. Iba vestido con una camiseta y una cazadora blancas. Detallazo.
Zizou ha hechizado cada siete días a una afición que, por encima de resultados, se ha sentido orgullosa de ese 5 capaz de hacer del balón una bailarina obediente. No olvidaré jamás aquella volea irrepetible de Hampden Park. Me levanté de la Tribuna hipnotizado por la obra de arte. Fue como el audaz eslogan de los informativos de CNN+: "Sucedió, lo estás viendo". Los 13.000 millones de pesetas que pagó Florentino Pérez por él me parecen pocos. Desde Alfredo Di Stéfano a mi padre, todos hemos disfrutado con la grandiosidad de un hombre-futbolista ejemplar. Los niños le esperan. Peter Pan existe. Y habla francés.



