Que no pasen otros veinticinco
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Hay fechas que se recuerdan de por vida y algunas incluso que sirven para compartir emociones: ¿Dónde estabas tú el 23-F? ¿Y tú, qué hacías cuando lo del 11-S? Los aficionados de la Real que pasan de los treinta, tienen el 26 de abril de 1981 entre esas fechas inolvidables y, al contrario que los dos ejemplos anteriores, entrañables. ¿Dónde viviste tú el gol de Zamora en El Molinón? Pues yo salía de Atocha, de un apasionante Sanse-Arandina (?) de cuyo desarrollo poco o nada me había enterado, pues toda la atención, la mía y la del resto de espectadores del viejo y añorado campo, estaba puesta en las radios. Faltaban pocos minutos para que el partido de Gijón terminara y la tensión se palpaba. Todo era silencio y espera, larga y corta espera.
La gente enfilaba cabizbaja el Paseo del Duque de Mandas asumiendo que se repetía la mala suerte de un año antes. Yo tenía la oreja pegada a un pequeño transistor que aún conservo. Entonces, cuando se apagaban las últimas esperanzas de recibir buenas noticias desde Gijón, pasó lo que tenía que pasar: Josean Alkorta narró una jugada antológicamente trabada que acabó con el histórico gol de Zamora. La Real era, por fin, campeona de Liga. Ya sé que los tiempos han cambiado y que repetir aquella gesta no es tan sencillo. Ahora bien, hace tres años la Real rozó el tercer título liguero. Tenía un equipo competitivo, pero unos desalmados y pésimos gestores se lo cargaron de golpe y porrazo. Igualito que aquella Real humilde y honradamente dirigida.



