Guariniello tiene razón
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El juez Guariniello dice que "la ley penal debe perseguir también a los deportistas" y sus argumentos me han convencido. No me refiero sólo a los argumentos técnicos -"si el dopaje no es delito, no interviene el magistrado, y si no interviene, nadie puede ir a la casa donde están los deportistas y abrir la puerta, entrar dentro, encontrar lo que hay..."-, sino a su creencia de que cuando el deportista se dopa existe voluntariedad. Esto es cierto. Aún no conozco un solo deportista que tras haber dado positivo haya removido Roma con Santiago para descubrir al malvado que le metiera veneno sin su consentimiento. Todos buscan excusan banales -el dentífrico, la carne de cerdo, el exceso de hombría-, pero a nadie se le ocurre acusar al médico.
Es más, jamás dicen qué médico se ocupa de su preparación biológica. La complicidad que existe es evidente. El deportista, por tanto, no es tan inocente como va a aparecer en la futura Ley española. Lissavetzky considera que ya bastante castigo tiene con lo que se mete, pero es que Guariniello tiene razón: al no poder ser acusado de haber cometido delito, los magistrados verán reducidas las líneas de investigación que abran. Este es un gran problema, porque hoy en día el dopaje sistemático lo realiza el deportista en su casa, siguiendo las instrucciones del druida que haya contratado, como reveló Manzano en su día. El deportista es tan culpable como el que más, y si encima recibe inmunidad penal, nos vamos a quedar a medio camino.




