Conchita, un viaje a lo James Dean
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Los que conocen bien a Conchita Martínez Bernat, de Monzón, Huesca, la describen como "un espíritu libre y sin la menor atadura". Otros que la quieren mucho, definen así su vida: "Atreverse a vivir un sueño y arriesgarse por seguir el deseo del corazón, abandonando todo en busca de ese sueño". En alguna conferencia de prensa, ya en los penúltimos días de su ilustre carrera (a ver quién nos gana otro Wimbledon...), Conchita andaba por ahí relajada, con tiempo que perder: "Aprovechaos chicos, que ahora hay barra libre. Después, desaparezco y no hay ni número de teléfono". Mayormente, podía haberlo, o podía haber llamadita, cuando Raquel Martín, directora de comunicación del WTA-Tour, el circuito femenino, tomaba las riendas del caso. Fácil nunca era: pero es que estamos hablando de un alma libre, tan libre como la de James Dean, y con ciertos vínculos añadidos con ese espíritu de Dean: tan vivo, aunque Jimmy se nos despidió en 1955.
En busca de su sueño, Conchita ha realizado (realiza) un viaje que empezó en viejas pistas de cemento de Monzón y que tuvo etapas en la Central de Wimbledon, en el brazo de Pete Sampras, en la final de Roland Garros, y en las grandes autopistas de California. Como Dean, los sueños de Conchita recorrieron a lomos de motocicletas plateadas esas autopistas cercanas a San Diego: la US 466, por ejemplo. Allí flota el alma libre de Jimmy Dean. Allí se perdía el alma libre de Conchita: la mejor derecha del mundo, a este lado del Edén.




