Papá, yo quería ver a Casillas...

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Si Bernabéu fuese hoy presidente del Real Madrid (¡qué grande fue Don Santiago!) destituiría a López Caro de forma fulminante. Resulta inadmisible que en dos días festivos (Jueves y Viernes Santo), el lebrijano haya cerrado las puertas al público. ¿Sabe este hombre que hay padres en la capital que no pueden irse de vacaciones y que un autógrafo de Iker o Sergio Ramos compensaría la frustración de sus niños? ¿Y los turistas que vienen sólo a ver El Prado y a los galácticos? ¿Qué táctica secreta esconde para Getafe? Ríanse. Ronditos y chau-chau. Es más, Zidane metió un golazo a Casillas desde cincuenta metros. Sólo aplaudieron los futbolistas. Nadie más pudo verlo en Valdebebas. Así se hace afición...
El Madrid está perdiendo el contacto con la calle. Los jugadores se entrenan protegidos por un ejército de vigilantes jurados y acompañados por un silencio deprimente. Gradas vacías, gritos con eco, ilusiones rotas, crisis institucional... y críos en la calle que empiezan a preguntarse si habrán elegido el equipo adecuado. Mi niño no duda porque me tiene a su lado. Pero si fuera por López Caro, hoy mismo me pediría otra camiseta. Penoso.



