Falcon Crest en versión malagueña

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La realidad es que el Málaga necesita un presidente que ejerza como tal y no como máximo accionista; un director general que se ocupe de los números y no de fichar; un director deportivo que, ¡¡¡por todos los santos!!! no se le ocurra hacer de entrenador. Y, por supuesto, una plantilla comprometida con los colores blanquiazules y no con el equipo donde les va a colocar la próxima temporada su representante. Esto, y la desatención de los propietarios, que han tenido a este club como si fuera uno de los lejanos viñedos de Angela Channing en Falcon Crest, han dado como resultado una situación de descabezamiento cuyo epílogo es un descenso implacable, humillante y sonrojante a Segunda División. Y a esto se le llama FRACASO. Con mayúsculas.
El equipo ha estado todo el año metido en una coctelera agitada por: ataques de cuernos de 'fichadores' incapaces de trabajar en equipo; una plantilla insolidaria con Antonio Tapia y acomodada vergonzosamente al ritmo de ¿trabajo? de Manolo Hierro; un director general honesto y eficaz en materia económica, pero desacertado en lo deportivo y un presidente, Serafín Roldán, que bastante ha tenido que aguantar, pero que no ha estado; unas instituciones y unos políticos que han tratado al Málaga "igual que a los demás" (voleibol, desaparecido; balonmano, al hoyo, Atlético Málaga femenino, sin recursos, deportistas emigrando...). No me extraña el descenso, la desazón ni el cabreo de la afición. Se acabaron los siete años de vacas gordas. ¡País!



