Ojito con los macarras del verdugo
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Alos jugadores del Inter les han corrido a tortas en el aeropuerto de Malpensa por perder contra el Villarreal. A tortas como panes, tanto que el grupo de asalto ultra le ha causado una conmoción cerebral a Cristiano Zanetti, que fue el que más recibió quizá porque en Italia ya saben que la próxima temporada jugará en la Juventus. Los macarras, cobardes ellos, escondían sus rostros bajo gruesos pasamontañas, lo que les daba un aspecto siniestro. De pre-terroristas, que es lo son de verdad. No hace tanto vimos en España, en el Cerro del Espino, a otros chulos con verdugo. Querían liársela a los jugadores del Atlético por perder un partido o varios, que eso qué más da. Esta turba es el lumpen del fútbol. Lo peor de la sociedad. Pero, ¿qué se hizo con ellos?
En Nápoles, hace ya algunos años, a finales del 97, los jugadores tuvieron que salir por piernas tras el ataque de centenares de tifosi furibundos. Corrado Ferlaino, su presidente de entonces, el que le hizo campeón con Maradona, fue amenzado de muerte. El equipo tuvo que marcharse a entrenar lejos de la ciudad, a Lido de Camaiore. También los jugadores del Torino pasaron apuros cuando descendieron, y a alguno le calentaron pero bien. En Roma hubo tortas también. Al propio Inter le cerraron el campo tras impactar una bengala en la cabeza de Dida, portero del Milán, en un cercano partido de la Champions. Todos estos ataques son inadmisibles, y hay que cortarlos de raíz. Sería deseable para evitar, como en Cerro del Espino, el mimetismo radical.




