Presidente, usted sí que sabe...

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Por un día voy a ser Zidane. O Ronaldo. O Cassano (sólo él me gana en la báscula). El presidente llega al vestuario tras el triste 1-1 con la Real de Bakero, nos llama al orden y dice que las minivacaciones a hacer gárgaras. Llamo a mi mujer, le digo que rompa los billetes para Ibiza y que anule la deliciosa paella encargada en el Malibú. Como cobro mil kilos al año tampoco es cuestión de sentirse un desgraciado. Me mosqueo, pero trago. Como todos. Me levanto temprano, llego a Valdebebas a las diez de la mañana y aparece el boss.
Nos espera bronca", me digo. Pues no. Don Fernando nos dice que no ha venido aquí para quitarnos las vacaciones. Es más, nos las aplaza sólo 24 horas. Le escucho fascinado. Buen tipo, pardiez. Ha sabido rectificar. Buen hombre. Manejable. Uno más. Otra víctima. Ni entrenamos. Como fui titular el sábado me quedo en el jacuzzi haciendo el paripé. Telefoneo a la parienta. "Nena, da igual lo que cueste. Encarga un vuelo privado porque al final sí tenemos dos días de chupetín. ¡Fiesta!". Me voy feliz de Valdebebas. Tres años sin títulos. Pero el Madrid me deja vivir como un rey. ¡Gracias, presidente!



