Ivanovic, la presión y los nervios

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Una persona que se sienta junto a mí, no daré su nombre, me ha dicho en más de una ocasión: "Ivanovic le mete tanta presión a sus jugadores que al final acaban de los nervios". El suyo no es un comentario a favor de corriente; es decir, no nace el pasado 26 de junio, fecha en la que el Real Madrid ganó la Liga con aquel lanzamiento de Herreros, el triple de todos los triples. Mi confidente lo dijo mucho antes. Ivanovic fue un jugador con aplomo, un tirador excelso que disfrutó en su piel de los mejores días de aquella Jugoplastika que deslumbró en la frontera de los años 80 y 90 con Maljkovic de jefe. Sin embargo, su perfil como entrenador cambia radicalmente. Lo suyo es pura adrenalina, un baile frenético a lo largo de la banda, ya sea para protestar al árbitro o para recordar a sus pupilos la lección que apenas tres segundos antes les ha dado en el tiempo muerto.
Lo suyo es una sobredosis de baloncesto que atenaza a sus jugadores cuando el partido se juega al borde del precipicio. Ocurrió en el quinto partido de la final europea frente al Kinder Bolonia. También en el mencionado decisivo duelo de la Liga 04-05, con las prisas de Scola y el balón perdido por Splitter. O en los dos Real Madrid-Barça jugados en la capital en el último mes y medio: en la Copa del Rey los azulgrana desperdiciaron el 52-60 del minuto 32, y ayer, el 56-61 a la misma altura de partido. Su tensión no acaba ni siquiera cuando muere el partido. Y el calendario, con otro Barça-Madrid pasado mañana, parece empeñado en diagnosticarle una taquicardia.



