Bekele es un superdotado
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Ser campeón es dificilísimo. A unas cualidades naturales hay que unir una capacidad de entrenamiento agonística. Fíjense si será difícil que la mayoría de los 100.000 deportistas de alto nivel que hay en el mundo -sólo en España tenemos catalogados 1.242-, nunca conseguirá un título que trascienda la fronteras. Campeones, si nos atenemos al registro de pruebas olímpicas, hay 378; les añadimos los títulos más importantes de los deportes no olímpicos, y no alcanzan el medio millar. Entre estos campeones hay un reducido grupo de elegidos, aquellos que son invencibles. Han sido dotados de unas condiciones extraordinarias y se sitúan en la cúspide de un proceso de selección natural de mejora del ser humano.
De otra manera se hace inexplicable la hegemonía que mantiene Kenenisa Bekele: cinco años ganando el Mundial de cross corto y, al día siguiente, el largo; campeón del mundo de 3.000 metros en pista cubierta; dos veces campeón del mundo de 10.000 metros y una vez olímpico; recordman mundial de 5.000 y 10.000 metros. Y sólo tiene 23 años. Miles de atletas dejándose la vida por conseguir un solo título en su vida y él los consigue a manos llenas. No puede ser todo cuestión de entrenamiento, pues siempre habrá quien se entrene el doble, ni de raza, ya que sus propios compatriotas, los etíopes, y sus rivales, los kenianos, tampoco le pueden seguir. Bekele es un superdotado, cuyo organismo se merece el estudio de la comunidad científica.




