Tócala otra vez, maestro Zidane

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Jamás olvidaré aquel momento mágico. 23 de abril de 2002. Camp Nou. Barça y Real Madrid jugaban la ida de las semifinales de la Champions. Luis Enrique echaba espuma por la boca, Makelele mantenía a raya las camisetas blaugranas y un tal Zidane bailaba como un cisne para deleite de los 4.000 madridistas que rugían en su noche más soñada. En un contraataque perfecto, el genio marsellés encaró a Bonano, le picó la pelota como si la meciera con la mano y el arquero sólo pudo palmear lo justo para acompañar el vuelo del esférico que abrió el marcador. En el descuento, McManaman rubricó el 0-2 y un triunfo histórico que agotó la tirada de AS con la portada: 'San Jordi blanco'.
Sólo nos quedan ocho apariciones de Zidane antes de colgar sus botas de seda y conviene saborear sus últimos controles, caracoleos, rulettes. Zizou no volverá a jugar en el Camp Nou y eso me permite profetizar una actuación sublime. Un 'ahí queda eso'. El Barça le respeta. O sea, le teme. Los años pesan. Pero el talento no caduca. Hay liturgia de gran partido. Un Barça-Madrid. El orgullo de una leyenda llamada Real Madrid va a romper muchas quinielas. Zidane vive. Y el Madrid... también.



