Por Dios, que logren los papeles
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Sin preámbulos ni historias: Daniel Alves es un jugador que traspasa la línea de los mejores para situarse en ese grupo de futbolistas llamados a convertirse en cracks. Su evolución en el Sevilla ha sido espectacular hasta colocarse en un escalón por encima de casi todos. Su historia es curiosa y muy repetida en Nervión. Llegó sin hacer ruido, como una incógnita y al precio módico de... 1 millón de euros. Actualmente, es la pieza más cotizada de los sevillistas. Alves no es sólo un simple lateral derecho. Sus extraordinarias condiciones físicas y su capacidad técnica le lleva a asumir muchas funciones en el campo. Llega a la línea de fondo en innumerables ocasiones, hace cientos de transiciones ofensivas en cada partido, firma infinidad de recuperaciones y se apodera del balón cuando la defensa encuentra dificultades para sacarlo. Un ju-ga-do-ra-zo. Para colmo, ha sido capaz de superar las deficiencias defensivas con las que llegó a la Liga española.
Su explosiva trayectoria no ha pasado desapercibida para los grandes. Laporta se aseguró una opción de tanteo con la cesión de Saviola, lo quiere la Juve y el Liverpool de Rafa Benítez ofreció las navidades pasadas 12 millones de euros por él. Todo un cheque al portador. Su mala suerte ha sido coincidir con un puñado de laterales derechos brasileños sorprendentes. La alta competencia que ha encontrado en su país le cierra, de momento, las puertas de la selección brasileña. Si no fuera así, su precio se hubiera disparado aún más.



