No se va ni con agua hirviendo
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La presión a la que se está viendo sometido Piterman le hace más fuerte. Da la sensación de que no se va ni con agua hirviendo. O lo aparenta bien y espera a que todo se dinamite para que le hagan una oferta irresistible por sus acciones, o el ucraniano sueña con convertir al Alavés en un poderoso. Desde luego, piensa en futuro, ya que anunciará en breve un acuerdo con una franquicia de soccer estadounidense y que su club estrechará lazos con equipos brasileños y franceses. Mientras, intenta hacer caja con los seguidores del Athletic, a los que ha puesto los mismos precios que al Madrid. Respetable y no muy práctico.
A lo que piensa dar la vuelta a es a su relación con los abonados, el sentido del club. Se ha reunido con el presidente de las peñas y augura avances. Bien le vendrá. Cierto es que el Alavés, a primera vista y desde pie de terreno, no tiene la alegría de antaño, de aquel buque europeo que hicieron navegar Gonzalo Antón y Mané. Pero quién sabe, no sería el primer club que triunfe con un presidente estrambótico. No me pareció tan lobo, quizás por estar lejos de su rebaño. Eso sí, no creo que un solo vitoriano desee el descenso.




