Entre lo curioso y lo necesario
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Al igual que sucede con Beckham, aunque en su caso por motivos diametralmente opuestos, el aspecto de Rooney corre el riesgo de distraernos de su fútbol. El chico es una roca y hace suya la primera acepción de la palabra ariete: "Antigua máquina de guerra empleada para derribar murallas, reforzada en uno de sus extremos con una pieza de hierro o bronce generalmente labrada con la figura de un carnero". Así es Rooney y esa es toda la conversación que se le supone. Sin embargo, la rudeza no excluye en su caso el talento. Rooney es directo, extraña virtud que lleva a quien la disfruta a elegir siempre el camino más corto hacia la portería. Y si tu anatomía es comparable a la de una bombona de butano, virtud y aspecto resultan una combinación prodigiosa.
Rooney es buen futbolista y tiene 20 años. También lo es Robben (22), aunque en este caso su estilo sea deliciosamente poético. Y no desprecio en absoluto la aportación física que ofrecería Diarra (24). Sin embargo, en ese Madrid futurible no se me ocurre quién movería el balón, quién le daría agilidad al juego, estilo. No veo quién sería capaz de cambiar el ritmo cansino que hoy desespera. El Madrid no necesita más delanteros, sino centrocampistas relevantes, varios, talento en la transición defensa-ataque; o dicho de otra manera: un buen motor. De otro modo, el dibujo se seguirá quebrando porque tiene la cintura de una avispa. Personalmente, no vendería las joyas de la abuela por Rooney o Adriano (por cierto, prefiero a Torres), sino por Kaká, Gerrard o Lampard.



