Joaquín da las pistas del Betis
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Todo equipo en toda época tiene un jugador-insignia o jefe de manada (barbarismo no aplicable al Real Betis Balompié) que marca el carácter del grupo. Olfateando el rastro del jefe y su lenguaje corporal, se suele obtener información útil. Así era cuando se hablaba del Benfica de Eusebio, el Manchester United de Bobby Charlton, el Real Madrid de Don Alfredo Di Stéfano o el Milan del senador Rivera. Desde la veneración para esos monstruos sagrados, sólo a Joaquín Sánchez puede concederse un rol similar en este Betis de la Bética.
Joaquín vive y juega como esa Baja Andalucía que es Provincia Bética. Bética: oséase, der Beti. Hace 2.000 años, el mayor orgullo de un ciudadano del Imperio Romano era decir: "Civis Romanus sum", "ciudadano de Roma soy". Cuando Joaquín está feliz, su fútbol proclama: "Civis Beticus sum". "Ciudadano de la Bética soy". Es como Antonio Benítez, su antecesor natural en Er Beti. Ahora, Joaquín está algo jartito, como Rafael de Paula en tarde nublada. Gol no hay. Chispazos, sí. Arte se espera siempre. Lopera tiene un precio para Er Beti con Joaquín: y otro sin Joaquín. Er Beti no tiene precio. Ni, ahora, gol. Y la Bética tiene a Joaquín.




