La calificación que no se ve
Noticias relacionadas
La calificación de la Fórmula 1 se ha complicado. Para el espectador los resultados se han convertido en un acto de fe. Tiempos atrás también era así y nadie se quejaba, pero tan bueno no debía de ser el sistema cuando se cambió para mejorar el espectáculo y las audiencias. La calificación se convirtió en una contrarreloj y, la verdad, resultaba entretenida. Todos podíamos ver claramente cómo se iba configurando la parrilla a través de los tiempos parciales que cada uno marcaba; cómo fulanito perdía todas sus opciones al perder tan sólo un segundo en la trazada de una curva o cómo, al contrario, menganito iba lanzado mejorando todos los registros, ya fuera por ir descargado de gasolina o por su arriesgada conducción.
Aprendíamos a distinguir los coches de las escuderías, que McLaren y Minardi, por ejemplo, tenían las mismas tonalidades y debíamos fijarnos en los cuernecitos de los McLaren para no confundirlos; también, al salir los pilotos de uno en uno, veíamos quién era un temerario o quién tenía manos de seda. Se veían, en fin, muchas cosas. Tantas, que hubo calificaciones con más de dos millones de telespectadores sólo en España. Sí, sería por el fenómeno Alonso, pero para juntar a dos millones ante la televisión hay que ofrecer un mínimo de espectáculo. Al de la nueva calificación no le auguro tanto éxito. Le falta telegenia y que el espectador sea juez, no que le digan fulanito primero y Alonso, cuarto. Para eso ya nos enteraremos luego.




