Yo digo Ángel Cruz

El indoor y el aire libre, compatibles

Ángel Cruz
Redacción de AS
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Se puede brillar bajo las luces de la pista cubierta y deslumbrar bajo el tórrido sol de agosto. Galopar a todo trapo en las cerradas curvas bajo techo y en las más amplias del aire libre. Es decir, que se puede (y se debería) deleitar en los Mundiales en sala de Moscú y en los Europeos al descubierto de Gotemburgo. No hay razones para renunciar a la primera competición. Para cualquier entrenador de atletas de élite no tiene secreto alguno afilar dos picos de forma, uno en marzo y otro en el momento clave del verano. Cualquier disculpa para no correr estos días en Moscú pensando sólo en Suecia es únicamente eso, una disculpa. El marroquí Hicham El Guerrouj fue campeón del mundo en 1997 tanto en sala como al descubierto y el etíope Haile Gebrselassie hizo lo propio en esa misma temporada y también en 1999.

Se puede argumentar que esas son superestrellas y que para los galácticos del atletismo todo es más fácil, y es cierto. Pero hay otros casos menos estelares: Arturo Casado fue el atleta revelación en 1.500 tanto en en los Europeos indoor de Madrid como en los Mundiales al aire libre de Helsinki, los dos en 2005. Y si retrocedemos en el tiempo, encontramos a un Yago Lamela capaz de ser subcampeón mundial de longitud en 1999 en Maebashi y luego en Sevilla. Todo el mundo es libre de renunciar a Moscú para brillar en Gotemburgo, pero no hay que olvidar que la renuncia de estos días obliga al éxito posterior. Y si ese éxito no se produce, vendrá el crujir de dientes.

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