Cuando no hay hambre en Yfrane...
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No es que Hicham El Guerrouj piense más o menos en retirarse. En realidad, lleva retirado dos años, desde su doble cabalgada triunfal en Atenas 2004. A principios de año, Hicham ya esgrimió una lesión de espalda y los habituales asuntos familiares para renunciar al inminente Mundial indoor de Moscú. La realidad es mucho más sencilla, tan amable como prosaica: cada vez hay menos hambre en Berkane y en Yfrane, los dos reductos familiares de Hicham El Guerrouj. Ese nombre tiene una traducción aproximada, algo así como "la vieja moneda que viene del Este". Sin duda, El Guerrouj, que cuando chaval soñaba con ser portero de fútbol, ha sido la moneda que ha traído la gran fortuna a su familia: padres, hermanos, esposa, cuñados y toda la harka de los El Guerrouj del Atlas, que se mueven entre el pueblo de Berkane y el más elegante nido montañoso de Yfrane, ahí cerca de las medinas de Fez.
El Hicham que participó en las votaciones olímpicas de Singapur, miembro del Comité Olímpico Internacional, era un joven señor de traje gris. Con la mirada ya algo distante y menos fibroso, no parecía el lebrel del Atlas que mordía y resistía en Yfrane los entrenamientos salvajes de Abdel Kader Kada. Fiel creyente en el Islam, religioso y solidario, buen hermano musulmán con cierto barniz mundano de progreso, las ideas políticas de Hicham, ídolo en Marruecos, alborotarían ciertas meninges. Pero el hambre que esculpió al lebrel de Yfrane está cada día más lejos. Y si no hay hambre...




