Se fue por miedo al Atlético
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Ni futbolistas ni crisis ni otras historias. La realidad de la marcha de Florentino es que estaba asustado con la llegada del imparable Atlético al Bernabéu. Al ya ex presidente del club blanco, que no es tonto y sabe de fútbol, le ha hecho meditar el hecho de que hoy por hoy el equipo de Pepe Murcia es muy superior al Real Madrid. Y ya veía el panorama. Sábado, diez menos cuarto de la noche, bronca de las gordas dirigida a su palco, y no estaba por la labor de aguantarla. Durante seis años el Atlético ha sido el mejor vecino que podía tener Florentino y justo cuando le íbamos a invitar a una ración de caviar toma las de Villadiego.
N o sólo ha influido el miedo, también la envidia. Su entorno reconocía que se le llenaron los ojos de lágrimas cuando vio a Luccin festejar su gol en Getafe y formar en torno a él tanto al once titular como a la gente del banquillo. Una piña. Muy lejos de lo que vivió en Mallorca con el tanto de Sergio Ramos. Ese fue el momento donde dijo que se acabó. Estaría bueno que el vecino pobre le pudiera dar lecciones de hidalguía a sus galácticos. En eso el Atlético siempre ha sido un ejemplo a seguir. Nadie se ha ido de su cargo nunca. Ya era hora de que los tsunami pasaran por La Castellana. Incluso en el fútbol a veces los ricos también lloran y el Atlético se puede permitir el lujo de ser un espectador, aunque haya sido el detonante involuntario.




