Valencia sale de caza mayor
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Valencia ha apostado por el deporte como política expansionista y de desarrollo de la ciudad y la región. Tanto Camps, presidente de la Comunidad Valenciana, como Rita Barberá, alcaldesa de Valencia, disparan a cuanto se mueve en el mundo del deporte. Pero no apuntan a las piezas de caza menor, no, son cazadores de mayor. Ya han cobrado la Copa América de vela, un Gran Premio de motos y los Mundiales de atletismo en pista cubierta de 2008. Tras anunciar en su día que también irán a por los Juegos Olímpicos de 2020, los Mundiales de atletismo al aire libre de 2011 y de unos aún inexistentes Juegos Olímpicos Europeos para 2010, misión encargada a Urdangarín, han disparado también sobre la Fórmula 1.
Una prueba más de que el deporte provoca un impacto dinamizador de dimensiones colosales. Se comprobó en Barcelona con los Juegos Olímpicos y en Almería con los Mediterráneos. Sevilla también lo intentó y organizó multitud de competiciones para obtener el favor olímpico, pero el tiro resultó fallido y lo que quedó fue un coliseo infrautilizado. Madrid también se metió en una operación de gran envergadura para los Juegos de 2012; erró el tiro por poco y al menos la cacería no dejó facturas pendientes. Valencia también ha salido de caza, pero de manera más selectiva. Va a lo seguro -su aspiración olímpica es ahora mismo propaganda- y tratando de rentabilizar sus instalaciones. Y las nuevas, que sean un negocio.




