A Dimitry le valdría el jardinero

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El problema de Piterman es que jamás desde que llegó a la entidad ha respetado el rol del entrenador. Para el máximo accionista del Alavés, ser técnico de Primera División no difiere mucho de ser la dependienta de la tienda o el encargado de cuidar el césped de Mendizorroza. No hay autonomía, como él dice, ni siquiera libertad de expresión. El ucranio considera que en España está sobrevalorado el papel del técnico. Según su mentalidad yanqui, media un abismo entre el papel de presidente y las obligaciones de los entrenadores. Si algún día llega a Vitoria un técnico con prestigio, durará muy poco en el banquillo porque para Piterman su trascendencia es residual. Si, como en el caso de Oliva, desembarca un profesional con poca experiencia y un currículo mínimo, le cortará el cuello en el momento en que se lo crea un poco y saque pecho. Sólo Piterman puede ser auténtico protagonista del Alavés.
Lo que pasa es que Juan Carlos Oliva tenía derecho a hacerlo, a tocar las teclas que él creía oportunas para viajar con garantías al Bernabéu, ya que sumar diez de los últimos quince en juego desde que él dirige a la primera plantilla, le confiere esa potestad. En el cese de Oliva hay otros condicionantes, como por ejemplo, la intención del presidente, de sacar a Nené de delantero para que luzca más para poder venderlo en verano. Y por ahí no quiso pasar un entrenador que ya es historia en el Alavés. Por lo menos mientras el ucranio siga siendo el presidente.



