Un sprint entre Cádiz y Zagreb
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Lo ocurrido en el Estrecho de Cook ya es parte de la historia de la Whitbread (ahora VOR), de la vela y del deporte. Como el triunfo de Blake y el Steinlager o el récord de velocidad de De la Gándara y el Fortuna. Pero también algo que entronca con los duelos fraticidas de Coe y Ovett, la final del Mundial de rugby de Australia 2003 (y la patada de Wilkinson) o la pelea en Kinshasa de Ali y Foreman. Fue una especie de final de carrera entre Sete y Rossi, pero montados en camión y a 220 kilómetros por hora.
Movistar y ABN protagonizaron un sprint de 2.680 kilómetros, como de Cádiz a Zagreb. Llegaron a la meta con una distancia que rondaba la eslora (apenas 20 metros). Además, la velocidad superó los 25 nudos (estratosférica). Si el Movistar pinchaba en una ola, las opciones de ser embestido por popa por el ABN eran muchas. Este match race obligó a suspender las guardias y envió a cubierta a nueve hombres (todos menos el navegante). 14 horas de trabajo extremo con máxima exigencia, y en el caso del Movistar, máxima tensión: su maltrecha quilla ofrecía dudas. Pero no es nada para lo que se avecina: el Cabo de Hornos, el Everest de la vela.



