El Alavés es el cortijo del ucranio

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Piterman se quema a lo bonzo. Cuando todo parecía indicar que Oliva era la solución para los problemas del Alavés, el ucranio se lo carga. Y no porque el equipo lo esté haciendo mal, lo echa porque le hace sombra y ya no le toca las palmas. Cuando Oliva se hizo cargo del Alavés se imaginó una situación idílica que no se ha dado. Por mucho que pretendiera autonomía, en la práctica quedaba supeditado a los caprichos del jefe.
Oliva ha gozado de más libertad que Cos. En Vitoria ha ido creciendo el mito Oliva como personaje salvador del club y el convencimiento de que cuanto más tapado estaba el ucranio, mejor salían las cosas. Y, con eso, Piterman no ha podido. El club es suyo y lo utiliza como un cortijo. Oliva se va por dignidad. No podía seguir al frente de un equipo en el que no paraba de tragar. Ha corrido la misma suerte que el preparador físico, Jordi García, que fue destituido hace un mes. Aquí el que se enfrenta al jefe tiene las horas contadas y sólo los pelotas sobreviven. Juan Carlos no era ni una cosa ni la otra y lo ha acabado pagando con su cabeza.



