Rienda es la anti Fdez-Ochoa
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Nos llegan unos nuevos Juegos Olímpicos con la ilusión inesperada de que María José Rienda pueda subir al podio. Bienvenida esta bendita ilusión después de aquel patinazo de Muehlegg que nos sacó los colores. Rienda, todo simpatía, nos llega como una bocanada de aire fresco a nuestros sufridos deportes de invierno, donde nos conformamos con poquito. Porque el esquí, hay que reconocerlo, no es lo nuestro. Esquiadores de fin de semana o de semanas blancas tenemos millones, pero esquiadores de competición se cuentan con los dedos de una mano. Ahí está el número de licencias, 33.000, unas pocas más que las de petanca, y la mayoría son interesadas para que en caso de accidente el seguro de la licencia corra con los gastos.
En España hemos tenido la saga de los Fernández-Ochoa y se acabó. Ahora aparece Rienda, que es otro caso. Ella no ha surgido por generación espontánea, sino que su irrupción en la élite se debe a un trabajo de años. Ahora tiene 30 y éstos serán sus cuartos Juegos, pero los primeros a los que llega tras una preparación a conciencia. Por algo su federación es la quinta de más subvención (2,7 millones) y por algo el Consejo Superior de Deportes aportó el año pasado 475.000 euros al equipo olímpico de esquí para que tuviera cuanto necesitara. La teoría de la pirámide pertenece al pasado. Ya no se trata de crear una amplia base de practicantes, sino de hacer excelentes a quienes están en la cúspide. Con Rienda este sistema ha funcionado.




