Juan Carlos escapó de El Pera
Noticias relacionadas
Conocí a El Pera cuando los dos éramos unos aprendices. Él de piloto y yo de periodista. Debía ser el año 1989 cuando estuve por primera vez en la Ciudad de los Muchachos para entrevistar a un chaval, de esos que llamamos descarriados, que hacía maravillas al volante de su Renault de carreras. La verdad es que ya entonces pensé que su vida era de película... y parece que no me equivocaba. Me impresionó su historia, pero también la figura del tío Alberto. Yo no había oído hablar de él, así que no esperaba encontrar en Leganés tanta entrega, tanta dulzura, tanto sacrificio y tanto amor por la infancia, la más desprotegida. El tío Alberto y Juan Carlos me hicieron pensar que la vida está llena de oportunidades y que quizá sólo de nosotros depende aprovecharlas.
A fortunadamente El Pera ha sabido hacerlo con la suya. Porque es un buen tipo, algo que he descubierto con el paso de estos años y que puede llegar a sorprender de un mocoso que se dedicaba a dar palos y a sembrar el pánico con un volante entre las manos. Pero ése no era Juan Carlos Delgado, era El Pera, lo que la sociedad, todos, hicimos de un niño que necesitaba más (quizá cariño, atención, qué se yo...) de lo que le habíamos sabido dar. Y como él, tantos y tantos que, seguramente, no han tenido su misma fortuna. Así que el suyo es un magnífico ejemplo de redención, pero tambien una reclamo para la reflexión, para dejar de mirar a otro lado...




