El dopajees cárcelen Italia

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Si el positivo de Johann Muehlegg hubiera sido en los inminentes Juegos Olímpicos de Invierno de Turín 2006, en lugar de en la edición estadounidense de Salt Lake City 2002, el hispano-alemán podría haber acabado en la cárcel. Como suena. El dopaje está castigado penalmente en Italia, donde no les tiembla la mano a la hora de llevar a juicio a mitos de su deporte como Marco Pantani o a miembros de la Juventus. Su ley antidopaje es la más dura de las existentes, por encima de la de Francia o de la que se está elaborando en España. Allí no sólo se persigue la incitación o el tráfico, sino también el "fraude deportivo" de los atletas; es decir, el consumo y la trampa. Mientras, sus vecinos europeos se centran más en el entorno que en los propios deportistas.
Si esta legislación no fuera suficiente para echarse a temblar, los próximos Juegos se celebrarán en los dominios de Raffaele Guariniello, el fiscal más severo en la lucha antidopaje. Por esta razón, España no ha dudado en contratar a los mejores servicios jurídicos. Y también porque salió sonrojada de Salt Lake City. Aquel positivo con Aranesp de Muehlegg, unido al caso Manzano, sirvió para dar un giro radical a la política antidopaje española. Y no sólo por la ley que tan lentamente se avecina, sino porque ya ninguno de nuestros deportistas participa en un gran campeonato sin pasar unos rígidos controles. El piragüista Jovino González y la ciclista Janet Puiggrós, controlados con EPO antes de Atenas 2004, pueden dar fe. Ya no se deja nada al azar.



