Yo digo Joaquín Maroto

El fútbol, del romanticismo a la industria

Joaquín Maroto
Redacción de AS
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Mike Newell ha sido el primero en denunciar lo que muchos sospechan y nadie se atreve a decir: que el negocio del fútbol está en mano de los intermediarios. Este fenómeno de los agentes es reciente y coincide con la transformación del fútbol en industria. Más o menos podemos establecer su inicio en los primeros años de la década de los 80. Hasta entonces, por poner algún ejemplo próximo, los fichajes en el Atlético los hacía Víctor Martínez (que fue sastre), acompañado de algún amigo, en su caso Santos Campano, que fue quien le ayudó a fichar a Leivinha y a Pereira. Por supuesto sin comisión. En la misma época, el Real Madrid no trataba con intermediarios. Fichaban Domínguez y Saporta. Luego cambiaron los tiempos.

E l primer agente en plan industrial del que me acuerdo es Miguel Santos (ex empleado de banca), que llevó a Elduayen al Atlético y a Bakero, Goiko y Beguiristáin al Barcelona. Rubiñán fue agente de Guti, pero un día llegó Vekic y se lo llevó. Le regaló un teléfono móvil y un coche. Fermín, que empezó con Raúl, perdió al 7 en beneficio de Ginés Carvajal, que tenía una agencia de viajes... Así es el fútbol. Se dan casos raros. Como el del portero Sebas, que fichó con 25 años por el Castilla y le cerró el paso a los jóvenes Codina y Diego López. Este asunto escamó a Camacho. La primera decisión que tomó en los meses que pudo trabajar fue quitar a Sebas en el cuarto partido de los play-off de ascenso. La temporada siguiente, Sebas se marchó al Conquense.

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