La generación de Salinas y Hugo Sánchez
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Lo mejor de los goleadores es que compiten como los toreros: por los trofeos. Unos por los goles y los otros por las orejas. Pero su éxito depende de algo medible, que se puede contar. Por eso están en el escalafón. Romario lleva la cuenta de todos sus goles, casi mil. Y lo mismo hacían dos contemporáneos suyos: Julio Salinas, que los recitaba (y aún se acuerda) de memoria y Hugo Sánchez, que igualmente llevaba la cuenta exacta. Eran goleadores los tres. Pero bien distintos. Romario llegaba al área como un rayo, Hugo vivía allí y Salinas aparecía a trompicones, corriendo como el que está de paseo y se acuerda de que se ha dejado un grifo abierto. Menotti escribió un día en El Gráfico que el éxito del fútbol estaba en las pequeñas sociedades. Citaba casos como los de Michel y Butragueño, por poner un ejemplo. Pero de los goleadores decía que vivían de su velocidad y de su astucia.
Así lo demuestran cada semana Etoo, Ronaldo, Klose, Shevchenko, Van Nistelrooy y algunos más. Todos ellos, como Hugo Sánchez, Romario y Julio Salinas, llevan la cuenta de sus goles. Y el fútbol les reconoce cada año por ello. En la lista del Balón de Oro que ha cumplido 50 años figuran muchos jugadores que alcanzaron ese premio por ser Bota de Oro. Desde Di Stéfano y Kopa a Ronaldo pasando por Müller, Rossi o Van Basten. De vez en cuando aparece un jugador como Ronaldinho que con su magia deslumbra incluso a los goleadores. Pero para eso hay que ser especial.




