Yo digo Raúl Romojaro

El riesgo habita en la aventura

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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Mucho me temo que todos los debates sobre la seguridad en el Dakar llegan a un punto crítico, sin retorno. Es aquel en el que se reconoce el riesgo intrínseco de la propia competición, de una aventura única en el continente más inhóspito del planeta. No quiero decir con esto que no resulte fundamental avanzar en lo posible para incrementa la seguridad de los participantes, pero sin olvidar que, finalmente, nos estamos refiriendo a una actividad peligrosa por definición: recorrer a toda velocidad un terreno plagado de trampas. Los primeros que asumen esta circunstancia son los propios pilotos, como lo hace Fernando Alonso al poner a 300 por hora su Renault o Gibernau cada vez que se cae de su MotoGP. Con matices, el peligro siempre existe...

Tras las muertes de 2005, la organización adoptó una serie de medidas para reducir las amenazas, sobre todo para los motoristas. Bienvenidas sean todas las normas que protejan a los deportistas, aunque ahora la tragedia de Caldecott refrenda que no se puede poner puertas al campo o, más claro, entender una carrera sin riesgos. Puede que el australiano fuera ayer más despacio que Meoni el año pasado, pero no lo suficiente como para no matarse en una caída. Y es que a más de 100 km/h, aterrizar contra el suelo puede tener siempre consecuencias fatales, se mire como se mire. Y claro, atravesar África al ritmo del tráfico de La Castellana ya no tendría mucha gracia... La única garantía absoluta para que no hubiera víctimas sería que no existiera el Dakar.

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