¡Que se besen, que se besen!
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Fueron los estadounidenses, quién si no, los que pusieron de moda, a base de utilizarla, la expresión políticamente correcto. Detrás de ella se esconde una nueva forma de llamar a las cosas por otro nombre, lo que antiguamente se entendía por utilizar eufemismos. Así, un viejo ya no es siquiera un anciano, sino gente grande o de la tercera edad; un ciego no puede ser llamado sino invidente y un enano, una persona peque los negros son de color (y en los States, afroamericanos, ¡toma!); los muertos civiles de una guerra, daños colaterales... y así hasta la náusea. Lo políticamente correcto se ha impuesto con la misma facilidad que lo desnatado, lo descafeinado, lo light, lo bajo en colesterol, lo -en definitiva- tibio y mediocre.
Y así, tibio, mediocre y políticamente correcto, se ha vuelto el ambiente previo a un derby. Que nadie levante la voz para señalar de manera acusatoria a esta columna por incitar a la violencia; eso es otra cosa, oiga. Aquí lo que se pide es que los protagonistas dejen de esconderse detrás de una mal entendida deportividad y digan lo que debería ser su leit motiv obligatorio: "queremos ganarles y, a ser posible, por goleada" (los unos); o "qué pena, pero la racha se va a cortar este sábado". A cambio, después de escuchar a Lotina, a Rijkaard, a De la Peña y hasta al apuntador, sólo queda gritar ¡que se besen!



