Y su padre quería que fuera torero

Y su padre quería que fuera torero

Lo de David Meca es de película, para enmarcar. Un tipo diferente, pero muy luchador. Lo suyo es interpretar y vender; única forma de sobrevivir en un deporte tan minoritario. Por eso tiene mérito todo lo que, a pulso, ha conseguido. Se tiró a los tres años a la piscina (se lo aconsejó su médico al tener los pies planos) y desde entonces no ha parado de superar obstáculos y nuevos retos. Y siempre ha ido por libre. No hizo caso a José, su padre, (El Aldeano, prometedor novillero en los 60) que deseaba que se hiciera torero, pero al verlo junto a La Polaca en la película Españolear, decidió estudiar arte drámatico en la University of Souther de California. Y se doctoró en la clase de Steven Spielberg y George Lucas. "Para aprobar tuve que fingir un orgasmo con una silla".

Así de genial es David. Dentro como fuera del agua. Y nunca se arruga. Por eso es capaz de presentar cualquier programa de televisión, rodar el anuncio más complicado o cruzar a nado cualquier tipo de estrecho, canal, bahía, lago o estar en el agua más de 36 horas. Además, luego siempre rinde en las grandes competiciones y gana medallas. Por eso aunque para muchos sea un frívolo, muchos deportistas deberían aprender de él y tener su coraje para superar cualquier adversidad. En febrero de 1999 en Salvador de Bahía dio positivo por nandrolona por comer carne de cerdo, pero se hipotecó (20 millones de las antiguas pesetas) para demostrar su inocencia. Es nuestro Jonny Weissmuller, pero cuando se retire quiere parecerse a Robert de Niro.