Yo digo Juan Mora

Despedida a los valientes

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

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El Dakar tiene tanto de marketing como de aventura. Como lo primero es fundamental para patrocinar lo segundo, Madrid hizo un guiño a la carrera merced a que su alcalde es un apasionado de los deportes de motor; por ello montó a la caravana una salida previa. Una salida previa que no vale más que para la promoción y las fotos. Muchas de las motos que ustedes vieron ayer por las calles de Madrid llegaron a Lisboa en camiones y con los pilotos de los coches, pues casi lo mismo. Más de uno dejó el volante a alguno de sus mecánicos y regresó a casa para viajar a Lisboa en avión dentro de un par de días. Lo de ayer fue un paripé que se aleja de la realidad de la carrera, un acto que no refleja las durísimas condiciones que esperan.

Porque el Dakar es una carrera tremenda para todos los pilotos. Quienes compiten con el triunfo, porque están obligados a traspasar cada día el umbral de la prudencia; quienes sólo quieren llegar, porque habrá un día en el que se quedarán sin tiempo para el descanso, pues alcanzarán la meta de madrugada y tendrán que salir al amanecer. En el Dakar todos sufren. Y todos se enfrentan a la muerte. El Dakar registra más víctimas que el Mundial de Fórmula 1, el de Rallys y el de Motociclismo juntos. En el Dakar las carreteras no existen; se improvisan sobre pistas llenas de trampas y detrás de cada duna nadie sabe lo que aguarda. Lo que vemos estos días es un espejismo. Risas, asfalto, fotos... Sí, mejor que disfruten ahora que pueden.

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