Gil siempre soñó con un gran equipo superatlético
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Nunca olvidaré el viaje en tren que hice desde la estación de Chamartín a Zaragoza en compañía de Jesús Gil y Rubén Cano nada más conocerse que era elegido presidente del Atlético. Iba a presenciar su primera final de Copa y comenzó a dibujar sus sueños de grandeza a la hora de perfilar su proyecto. Presentó a Futre y en su estreno conoció la verdad rojiblanca al perder ante la Real un encuentro en el que los atléticos fueron mejores. Luego han sido 17 años de aciertos y errores. Tampoco olvidaré la noche de la transformación del club en Sociedad Anónima. Encontró el dinero y evitó el descenso a Segunda B. Se ha cuestionado el proceso hasta en los Tribunales, pero la verdad es que ningún atlético de boquilla apareció en aquella ocasión para evitar lo que hubiera sido la muerte deportiva del club.
Le consideré mi amigo y lo que sí tengo claro es que Jesús Gil no hizo en el fútbol ni más ni menos que lo realizado por el resto de presidentes. Hasta en su última etapa llegó a hipotecar sus bienes personales para salir de Segunda. No le importaba y su gran error era su espíritu apasionado que le llevaba a comerse a todo el mundo si fallaban las cosas. Su alegría por las calles de Madrid cuando consiguió el doblete era contagiosa. Muchos listillos se aprovecharon de su inicial ceguera futbolística y al final no pudo ver cumplido su sueño de la Champions. Jesús Gil, como dirigente deportivo, marcó una época de decisiones un tanto alocadas.




