Maradona, ¿gavilán o paloma?
Noticias relacionadas
El cambio que ha experimentado Maradona en los últimos ocho meses nos llena de alegría. Ha perdido 53 kilos, y gracias a la cirugía ha pasado del estado gaseoso en el que vivió los últimos años al estado sólido que luce hoy. Le hemos visto jugar de nuevo al fútbol y no llegan noticias de que haya recaído en su adicción, y esto último es lo más importante. Pero debemos recordar todos que el hábito no hace al monje. La trasformación física de el Pelusa debe ir acompañada de un cambio de actitud, de la recuperación del respeto por sí mismo y por los demás. Maradona, en sus peores días, apuntó y disparó desde el jardín de su casa contra los periodistas que esperaban en su puerta. Les cosió a perdigonazos. La otra noche, en Brasil, probó el frío acero del colt 45 de la Polícia brasileña en su propio gaznate. ¿Qué hay que hacer para que uno le pongan la pistola en el cuello? Nada bueno me temo.
Puede ser que, efectivamente, al agente se le fuera la mano. De ser así hay que jubilarle. Aquí, en España, al que desenfunda sin motivo se le quita la licencia. Pues vaya peligro. Como para dejarle suelto. El caso es que Maradona, que horas después del incidente que precisó de la intervención de Kirchner (mal hecho, porque los presidentes están para otras cosas de más enjundia) reapareció en Argentina en el estreno de la película sobre su vida. Llevaba un Rolex de oro y brillantes en cada muñeca, uno con la hora de Río y otra con la de Buenos Aires. ¿Sabrá Diego que lo que es oro es el tiempo?




