Sangre nueva en los Premios
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Dos deportes nuevos se incorporan a la lista de ganadores de los Premios Nacionales del Deporte en su categoría máxima gracias a David Cal y a Beatriz Ferrer-Salat. Se trata del piragüismo y de la hípica, dos deportes minoritarios y reñidos con el espectáculo, pero olímpicamente brillantes. Bienvenidos sean, pues así aumenta el escaparate de nuestro deporte en el que cada vez entran más especialidades. Hasta muy recientemente los premios masculinos solían recaer en el atletismo (8 veces) y los femeninos en el judo (5). Diríase que nuestro país era una potencia en ambos deportes cuando en otros los éxitos se han sucedido y no han parado. Motociclismo, por ejemplo. Pues sólo un piloto, Jorge Martínez Aspar, tiene el Premio Nacional.
Pero con los premios ya se sabe lo que pasa. Presiones, simpatías, paisanajes, etc. No sé si con Lissavetzky acabará cambiando la cosa, pero algo ya ha hecho de momento: desvincular la entrega de estos Premios con la de las medallas al Mérito Deportivo. Éstas, sobre todo en su categoría de bronce, se habían convertido en un mercadeo vergonzante. Como también las entregaba el Rey, había tiros para su adjudicación. Se concedían hasta un centenar por dudosos criterios y todo para que el personaje en cuestión presumiera de foto con el Rey. Ahora que las medallas las entregará en su día Lissavetzky seguro que los compromisos, la compraventa de favores y los caprichos desaparecen. Eso que nos ahorramos en insignias.




