Acabó con las señas de identidad
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Nunca olvidaré un serial de la revista italiana Guerin Sportivo en enero del 96 tras la sentencia Bosman. Presentó durante varias semanas jugadores disponibles para los equipos italianos que terminaban contrato. Desde Zamorano a Luis Enrique o Aldana en España, Semedo en Portugal, Vastic en Austria, Jess en Escocia o Davids, Reiziger o Taument en Holanda. En aquella época Jean-Marc Bosman vivía en un garaje tras su separación matrimonial y había perdido su familia mientras cambiaba la historia del fútbol. Sin su orgullo y tozudez personal quizá el Arsenal jamás se hubiese construido así, y ni el mismísimo Abramovich hubiese intentado su obra en el Chelsea. Hace poco, el Inter jugó sin italianos un partido de la Champions en San Siro, y el presidente Moratti aludió al nuevo orden europeo ante las críticas de los puristas.
El Celta hizo historia en nuestra Liga, y ahora mismo hay muy pocos equipos grandes en Europa que no se hayan apoyado en la apertura de fronteras para armarse. Muchos modestos han encontrado acomodo fuera, pero es cierto que se ha perdido cierto encanto y mucha identidad. En Inglaterra, sólo el United se acerca al estilo tradicional que tanto adoramos en su día. Alemania también cambia poco a poco y España e Italia. Bienvenido sea por la igualdad de oportunidades y la apertura de fronteras. Se le acusó de querer destruir el fútbol. Falso. Sí acabó con el estilo de muchos, pero escribió la página más importante del fútbol moderno.




