Medallas desde el odio
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Nuestra natación está en guerra. Más bien continúa en guerra desde que en los pasados Mundiales el presidente de la Federación censurara la decepcionante actuación de los nadadores. Ayer Villaecija hablaba de represalias y hoy Wildeboer se suma a las críticas en lo que respecta a la falta de ayudas. Sobre algunos temas dice algo espeluznante: "Si hablo me fulminan". La situación ha llegado a un punto límite. Nuestros nadadores no pueden competir desde el odio, queriendo ganar medallas sólo para restregárselas en la cara a Koninckx, el presidente, tal y como hiciera Paquillo con Odriozola en los Mundiales de atletismo. Alguien tiene que poner fin a esta situación y, sobre todo, ver si los nadadores tienen razón en sus reivindicaciones.
El CSD no debiera ser el mediador en este caso, pues su director Rafael Blanco fue el anterior presidente de la Federación y quizá no fuera objetivo en su análisis. Más bien parece misión del nuevo COE, que ha llegado para ayudar a las federaciones y a los deportistas. Pero ¿dónde está el COE? Junto a nuestros nadadores desde luego que no. Ni el presidente Blanco, de viaje oficial en Uruguay, ni el vicepresidente primero Cazorla, ni ninguno de los otros tres vicepresidentes, ni el director de Deportes se han desplazado a estos Europeos en piscina corta. La natación es uno de los deportes olímpicos por excelencia, se encuentra en guerra abierta y el nuevo COE no tiene el detalle de acercarse hasta nuestros nadadores. Mal empezamos.




